Un productor de Choele Choel logró alcanzar las 40 toneladas de materia seca y 3.900 kilos de carne por hectárea, transformando una chacra tradicional mediante tecnología, pastoreo controlado y cultivos no convencionales.
En el Valle Medio de Río Negro, la historia de la familia Ottogalli es un fiel reflejo de la evolución productiva de la región. El ingeniero agrónomo Raúl Ottogalli ha logrado convertir una chacra de 40 hectáreas, históricamente volcada a la horticultura, en un sistema de ganadería intensiva de alta precisión que hoy marca un hito en productividad. Su modelo se sustenta en una dieta base de remolacha forrajera, complementada con maíz y verdeos de invierno implantados mediante tecnología de drones.
La clave de este salto productivo reside en la adopción de la remolacha forrajera, un cultivo que Ottogalli comenzó a implementar en 2018 tras evaluar modelos de éxito en Nueva Zelanda. A diferencia de las fuentes de energía tradicionales que requieren cosecha y procesamiento mecánico, la remolacha permite que el animal acceda al recurso directamente en el lote a través de un sistema de pastoreo con boyero eléctrico. Esta estrategia optimiza la conversión alimenticia y reduce drásticamente los costos operativos, logrando resultados extraordinarios: 40 toneladas de materia seca por hectárea y una producción de 3.900 kilos de carne en la misma superficie.
El sistema se apoya además en una constante actualización tecnológica. Ottogalli ha integrado siembra directa, sistemas de riego tecnificado y servicios de drones para la implantación de raigrás (gramínea), sobre maíz en pie, asegurando un uso continuo de la tierra durante todo el ciclo productivo. Además, la incorporación de especies leguminosas como el sainfoin ha permitido equilibrar la dieta bovina, minimizando riesgos sanitarios como el timpanismo (trastorno digestivo) y optimizando la salud del rodeo.
Para el productor, este esquema no es solo un éxito técnico, sino una respuesta necesaria a las nuevas realidades económicas del campo argentino. Ante la inviabilidad de las pequeñas parcelas bajo métodos tradicionales, el sistema de Ottogalli demuestra que la escala no es el único factor determinante. La clave, afirma, reside en la eficiencia de gestión y en la capacidad de adaptar el sistema productivo a través de la innovación constante, logrando que una superficie limitada se convierta en un proyecto rentable, sostenible y de alta competitividad.







