Mientras Europa demanda fruta por la caída de stock en España, las precipitaciones persistentes en Tucumán obligaron a reprogramar exportaciones y afectaron la calidad del limón que se produce en “el jardín de la república”
La producción limonera, corazón productivo de la región, enfrenta un escenario de contrastes. Por un lado, una ventana de oportunidad internacional inédita; por el otro, un exceso hídrico que no da tregua. Las intensas lluvias de febrero y la continuidad de las tormentas en marzo han puesto un freno de mano a la cosecha en Tucumán, con un impacto directo en toda la cadena del NOA.
El dato que más preocupa hoy al sector industrial es la baja disponibilidad de stock. Teniendo en cuenta que entre el 70% y el 75% de la producción total de limón tucumano se destina al procesamiento (jugos, aceites y cáscara), el parate en la cosecha corta el flujo de materia prima hacia las fábricas, que ya enfrentan una fuerte presión por iniciar sus operaciones en un mercado de oferta escasa. Con una fruta que muestra menor concentración de ácidos y demoras en el tamaño, el desafío ahora es logístico: cumplir con los envíos reprogramados a Europa antes de que la ventana comercial se cierre.