Investigadores del INTA y el Conicet crearon un compuesto innovador que bloquea la bacteria en el intestino de la vaca. El objetivo: que se aplique junto a vacunas ya existentes para facilitar su adopción en los campos.
La Escherichia coli es responsable del Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), una enfermedad grave que afecta principalmente a niños en nuestro país. Dado que las vacas son portadoras asintomáticas —es decir, no se enferman, pero expulsan la bacteria en sus heces—, el desafío siempre ha sido controlar el patógeno en el origen, antes de que llegue a la cadena alimentaria.
Tras una década de trabajo, un equipo multidisciplinario del INTA y el Conicet logró un avance clave: identificaron dos proteínas que funcionan como blancos para evitar la colonización de la bacteria en el sistema digestivo del animal. “El objetivo era generar anticuerpos que bloqueen el mecanismo de virulencia de esta bacteria”, explica Mariano Larzábal, investigador del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular.
El gran obstáculo histórico ha sido la falta de incentivos para los productores, ya que vacunar a un animal que no presenta síntomas de enfermedad implica un costo adicional sin un beneficio directo para la salud de su ganado. Conscientes de esta realidad, los científicos no buscaron crear una vacuna independiente, sino una molécula “inteligente” capaz de integrarse a inoculaciones que los ganaderos ya aplican rutinariamente.
El desarrollo ya superó con éxito las fases de laboratorio y modelos en animales pequeños. Con “resultados preliminares alentadores”, el equipo se prepara ahora para llevar las pruebas a condiciones de campo. De confirmarse su eficacia, esta molécula podría representar un cambio de paradigma en la seguridad alimentaria, atacando el problema de raíz y protegiendo a la población desde el origen de la producción cárnica.







