Mientras las exportaciones argentinas logran récords históricos, la decisión de la Selección Nacional de sumar un sponsor de Brasil genera un fuerte rechazo político y productivo en un contexto de caída del consumo interno y desregulación de precios.
La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) desató una tormenta inesperada en el corazón de la agroindustria nacional. Al oficializar a la marca brasileña Baldo como sponsor oficial de la Selección hacia el Mundial 2026, se abrió un frente de conflicto con los productores locales. El malestar no es solo simbólico: la Ley 26.871 declara al mate como “Infusión Nacional”, lo que obliga a su promoción en eventos oficiales. Para el sector, que figuras como Messi o el “Dibu” Martínez promocionen un producto extranjero representa un desplazamiento directo de la identidad y el trabajo argentino.
El trasfondo económico agrava el reclamo. En 2025, Argentina logró un hito al superar a Brasil como principal exportador mundial de yerba mate, con envíos récord de casi 58 millones de kilos. Sin embargo, esta bonanza externa contrasta drásticamente con la realidad del mercado doméstico. En febrero de 2026, el consumo interno registró una caída del 9% interanual, marcando el peor dato del último lustro. Los productores denuncian que, mientras la marca país crece afuera, el mercado local se debilita.
A la crisis de consumo se suma la incertidumbre regulatoria. Desde noviembre de 2025, el Decreto 812 eliminó la facultad del INYM para fijar precios mínimos de la hoja verde, dejando la rentabilidad de los pequeños productores librada a la competencia del mercado. Con un precio por kilo de hoja verde que oscila entre $350 y $380, muchos aseguran que no llegan a cubrir los costos operativos, lo que pone en riesgo la sostenibilidad de la cadena productiva en provincias como Misiones y Corrientes.
A pesar de la polémica por el patrocinio, el mercado nacional sigue dominado por gigantes locales. El ranking de ventas lo encabeza la cooperativa Playadito (56,7 millones de kilos), seguida de cerca por el Grupo Las Marías. La irrupción de una marca brasileña en la indumentaria del campeón del mundo no solo hiere el orgullo productivo, sino que plantea un interrogante estratégico: ¿Por qué la máxima entidad del fútbol no priorizó a las empresas que sostienen una de las economías regionales más emblemáticas del país?







