El impacto del incremento en los precios y la baja capacidad adquisitiva de la gente modificó los hábitos de compra de las familias jujeñas, reduciendo drásticamente las operaciones y impulsando el consumo de cortes alternativos.

La crisis económica y la pérdida de poder adquisitivo continúan golpeando de lleno a las economías domésticas, reflejándose en una retracción histórica de las ventas en los mostradores de los mercados locales. Los comerciantes reportan que el consumo de carne vacuna experimentó un desplome estimado entre el cincuenta y el sesenta por ciento en comparación con el año anterior, marcando un cambio profundo en la dinámica cotidiana de abastecimiento.

Los referentes del sector comercial explican que la modalidad de compra se transformó por completo debido a la falta de ingresos suficientes para mantener la tradicional adquisición semanal. Hoy en día, los clientes optan por destinar montos fijos muy acotados o solicitar fracciones mínimas de carne para resolver el almuerzo diario, dejando atrás las compras en volumen y evidenciando las dificultades cotidianas para llegar a fin de mes.

Los carniceros advierten que el margen para aplicar rebajas o promociones es prácticamente nulo, ya que los altos costos fijos operativos y la fuerte presión impositiva impiden trasladar bajas a los mostradores, aun cuando los precios en gancho se mantienen estables. Los fines de semana, que históricamente representaban los momentos de mayor repunte comercial con ventas muy elevadas, muestran hoy un retroceso significativo en el tonelaje despachado.

Como respuesta directa a este escenario de restricción presupuestaria, las familias comenzaron a volcarse hacia opciones más económicas para sustituir los cortes vacunos tradicionales. De esta manera, alternativas como la carne de llama, el cerdo y el cordero ganan terreno de manera sostenida en los mostradores, configurando un nuevo mapa en el consumo alimentario de la región.