El Gobierno nacional apuesta a la participación privada para transformar los corredores que concentran el 80% del tránsito. Sin embargo, el esquema abre el debate sobre la federalización de las obras y la conectividad de los nodos productivos alejados del puerto.

El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó un ambicioso esquema de infraestructura que busca concesionar 9.000 kilómetros de rutas estratégicas, sumando otros 12.000 kilómetros en etapas de mejora y mantenimiento. El modelo, expuesto ante la Bolsa de Comercio de Rosario, se apoya en la inversión privada para optimizar los tiempos de tránsito y reducir costos logísticos. No obstante, el anuncio se centra fuertemente en los corredores que desembocan en los nodos portuarios de Santa Fe, dejando una incógnita sobre el alcance real de estas mejoras en el interior profundo de Argentina.

Para el sector agroindustrial, la promesa de “terceros carriles” y mejoras estructurales es música para los oídos, especialmente ahora que comenzaron los primeros embarques de trigo y maíz de la nueva campaña. El Gobierno argumenta que priorizar los tramos de mayor impacto económico es la vía más rápida hacia la eficiencia. Pero desde la óptica de las economías regionales, como las del NOA, la preocupación persiste: una red vial que solo privilegia el flujo hacia el puerto refuerza el histórico embudo logístico que castiga la competitividad de las provincias periféricas.

El plan contempla que las provincias asuman un rol más activo en la gestión de ciertos corredores y menciona financiamiento internacional (CAF) para desarrollos específicos. Si bien Caputo aseguró que al final del mandato el mapa vial hará que Argentina “parezca otro país”, la efectividad de este cambio de escala dependerá de que la “articulación federal” no sea solo una transferencia de responsabilidades sin fondos, sino una integración real de las rutas que conectan la producción primaria con los centros de procesamiento regionales.

En definitiva, el éxito de este nuevo modelo de concesiones privadas se medirá por su capacidad para romper los cuellos de botella no solo en los accesos a Rosario, sino en toda la extensión del territorio. La infraestructura es el esqueleto de la producción, y para que el campo argentino crezca de manera equitativa, la red ampliada debe garantizar que el “impacto económico” llegue a cada kilómetro de ruta, sin importar qué tan lejos esté del agua.