Con un salto del 30% interanual en la producción y ventas firmes que ya cubren casi la mitad de la campaña, el cultivo se consolida como el gran protagonista del ciclo 2025/2026.

El girasol argentino se encamina a marcar un hito productivo sin precedentes. Según el último informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, la campaña actual alcanzaría las 7,3 millones de toneladas, impulsada por una expansión del área sembrada que llegó a las 3,1 millones de hectáreas. Este dinamismo no es casual: responde a una combinación de precios firmes en el mercado local —cercanos a los máximos de 2022— y una demanda internacional que tracciona con fuerza tanto para semilla como para subproductos.

El avance de la cosecha ya alcanzó el 61% a nivel nacional. Mientras que en el norte del país y la zona del Litoral las labores ya concluyeron con éxito, el grueso de la producción se concentra ahora en Buenos Aires y La Pampa, donde los rindes vienen confirmando las expectativas iniciales. Este volumen récord se traslada directamente a la industria: se proyecta una molienda de 6 millones de toneladas, un 27% más que el ciclo previo, consolidando el valor agregado en origen.

En el plano comercial, la velocidad de las ventas destaca frente al promedio de los últimos cinco años. Al mes de marzo, ya se comercializó el 44% de la producción estimada, lo que demuestra la confianza del sector en los valores actuales. Además, los stocks se ubican en su nivel más alto en una década (2,23 millones de toneladas), otorgando una espalda financiera y operativa clave para enfrentar el resto del año comercial.

El frente externo también aporta señales positivas. Los compromisos de exportación ya superan las 850.000 toneladas en semilla y muestran un fuerte impulso en harina y aceite. Para el productor, el girasol dejó de ser un cultivo de nicho para transformarse en una pieza estratégica de la rotación, ofreciendo rentabilidad y previsibilidad en un contexto global donde los aceites vegetales siguen siendo un activo de alta demanda.