La inestabilidad global y las dificultades en la logística de fertilizantes han disparado las alarmas en el sector agropecuario jujeño. Con subas que promedian el 30% en abonos y plásticos, los productores locales enfrentan un escenario de especulación de precios y quiebre de stock en insumos críticos.
El impacto se traduce en cifras concretas que asfixian la rentabilidad de cultivos claves como las hortalizas y la caña de azúcar:
• Escalada de la Urea: El precio de la tonelada pasó de $1.000.050 a $1.300.000, un incremento directo que golpea la estructura de costos de fertilización.
• Faltantes Críticos: Insumos esenciales como el “Triple 15” – fertilizante inorgánico equilibrado, compuesto por un 15% de Nitrógeno (N), 15% de Fósforo (P) y 15% de Potasio (K)- y el DAP 18-46-0 (Fosfato Diamónico, un compuesto granulado de alta concentración, ideal para la siembra o etapas iniciales, aportando 18% de nitrógeno y 46% de fósforo) prácticamente han desaparecido del mercado; las entregas están cuotificadas a un máximo de 2 o 3 toneladas por productor.
• La barrera del Arriendo: Con un costo base de $1.000.000 por hectárea, sumado a un uso promedio de 200 kg de fertilizante por hectárea, la ecuación financiera se vuelve insostenible sin una actualización en los precios de venta de la producción.
La incertidumbre ha roto los esquemas tradicionales de comercialización. Los proveedores han pasado de la falta de cotización a ventas con plazos de 30 a 60 días, pero bajo la modalidad de precios actualizados, lo que deja al productor con una deuda abierta y un riesgo financiero total.
El riesgo latente es que, incluso si el conflicto internacional desaparece, los precios pautados en plena crisis queden como un “piso” permanente, consolidando una suba de costos estructural que el mercado local de hortalizas y azúcar difícilmente pueda absorber sin trasladar a góndola.