Desarrollada por INTA y Gensus, esta genética busca transformar la productividad del cultivo. Combina un 12% más de rinde, mejora en calidad de fibra y una tolerancia inédita a imidazolinonas que reduce hasta un 30% los costos de control de malezas.
El sector algodonero nacional sumó un hito tecnológico con la presentación oficial de Arandú INTA BGRR IMIcott, una variedad que marca el inicio de la iniciativa “El Nuevo Camino del Algodón”. El desarrollo, fruto de la articulación público-privada entre el INTA y la semillera Gensus, introduce una característica global inédita: la resistencia a herbicidas del grupo de las imidazolinonas, brindando a los productores una herramienta de manejo de malezas que no existía hasta el momento en el mercado internacional.
La evaluación técnica del material, realizada en diversas campañas, arrojó resultados que posicionan a Arandú como una alternativa competitiva frente a los materiales convencionales. Los datos de ensayo muestran un incremento en el rendimiento de grano cercano al 12% y una mejora del 7% en la calidad de la fibra. Este último punto resulta clave para el mercado textil, ya que el desarrollo logró asociar alta productividad con una excelente longitud de fibra, una combinación compleja de alcanzar en los procesos de mejoramiento genético.
Desde una perspectiva económica, la incorporación de esta genética permite una reducción estimada de hasta el 30% en los costos directos asociados al control de malezas, mejorando la rentabilidad del cultivo mediante la optimización de las aplicaciones fitosanitarias. La variedad presenta una arquitectura de planta de estructura abierta, con una clara diferenciación entre ramas vegetativas y fructíferas, lo que incrementa el número de sitios de producción y favorece una maduración más eficiente.
Este lanzamiento es, además, el primero de una serie de innovaciones previstas para el sector. Según los referentes del programa de mejoramiento genético, el objetivo de “El Nuevo Camino del Algodón” es la inscripción de 10 nuevas variedades en los próximos cinco años. Con Arandú, el sistema científico y productivo busca ofrecer una solución concreta para los desafíos de malezas resistentes y estrés hídrico, posicionando al algodón nuevamente como un cultivo estratégico, rentable y sostenible para las regiones productivas argentinas.






