Mientras el mundo observa el oro y el cobre, un metal estratégico está rompiendo todos los récords: el tungsteno. Con una subida estrepitosa del 557%, alcanzó los US$ 2.250 por tonelada, impulsado por un “cóctel” explosivo: las restricciones de exportación de China y la creciente demanda militar por los conflictos en Medio Oriente.
También conocido como wolframio, es un metal de transición de color gris acerado, famoso por tener el punto de fusión más alto de todos los metales y una densidad similar a la del oro. Estas propiedades lo hacen indestructible ante el calor y extremadamente duro, siendo vital para fabricar desde filamentos de lámparas y semiconductores hasta municiones antitanque, misiles y blindajes que deben conservar su forma bajo impactos extremos.
China domina el 79% de la producción mundial y, desde febrero de 2025, cerró el grifo de sus exportaciones. El impacto es directo en la industria de defensa, donde el tungsteno es irremplazable por su densidad para fabricar municiones antitanques, misiles y blindajes. “La base industrial está desesperada por material”, afirman desde el sector, comparando esta crisis con el “boom” del litio en 2021, pero con una diferencia clave: no hay minas nuevas listas para entrar en producción.
La escasez está forzando la reactivación de minas inactivas en Corea del Sur y Estados Unidos, un proceso que podría demorar hasta dos años. Este escenario deja una lección estratégica para regiones mineras como el NOA: la dependencia de un solo proveedor global es un riesgo que las potencias ya no están dispuestas a correr, acelerando la búsqueda de fuentes alternativas en países con seguridad jurídica y tradición minera.
Vietnam, Rusia y Canadá: Poseen depósitos importantes, aunque con desafíos operativos o políticos. Corea del Sur y Estados Unidos: Están acelerando la reactivación de minas inactivas para romper la dependencia. En Sudamérica: países como Bolivia, Brasil y Perú tienen presencia histórica del mineral, lo que abre una ventana de oportunidad para el Cono Sur en esta nueva “fiebre de los metales críticos”.






