Con 30 millones de kilos entregados, el sector enfrenta un cuello de botella financiero. La lentitud en el acopio y el retraso en los pagos asfixian al productor, que ya debe afrontar costos operativos sin liquidez.
La campaña tabacalera en Jujuy atraviesa una paradoja peligrosa: el volumen de entrega es alto (casi 30 millones de kg), pero la fluidez financiera es mínima. Entregar el tabaco no está significando cobrarlo, y esa brecha temporal es hoy el principal enemigo del productor.
Los puntos críticos del conflicto:
• Stock inmovilizado: Se estima que restan unos 5 millones de kg en galpones debido a la lentitud del acopio. Este retraso impide que la producción se transforme en liquidez para pagar sueldos y servicios (luz y gas) que ya están venciendo.
• Pagos y actualizaciones: No todo lo entregado ha sido cancelado, y las actualizaciones de precio por parte de las empresas siguen pendientes, desordenando la cadena financiera de las fincas.
• El factor FET: A la crisis de liquidez se suma el deterioro del Fondo Especial del Tabaco, afectado por la caída en la recaudación y la competencia de cigarrillos importados o de bajo costo.
Gestiones urgentes: Las recientes reuniones con el Ministerio de Producción y el Banco Macro buscan dos objetivos inmediatos: agilizar el ritmo de acopio desde esta semana y conseguir alivio financiero para quienes ya entregaron su producción, pero que siguen con las cuentas vacías.
El reclamo es unánime: en un contexto inflacionario, el tiempo es dinero. El tabaco jujeño hoy no solo pelea por precio, sino por velocidad en el pago de la materia prima.



3 imágenes






