El salto en los precios internacionales del crudo y la consolidación de Vaca Muerta posicionan al sector energético como el principal motor de divisas para 2026.

El escenario global, marcado por la volatilidad en Medio Oriente, ha reconfigurado las proyecciones económicas de Argentina. Lo que inicialmente se preveía como un crecimiento conservador del 20% en las exportaciones netas, hoy se encamina a un escenario de máxima donde los ingresos podrían duplicarse. Con el barril de Brent oscilando en niveles elevados, el sector energético se consolida como el “blindaje” principal para la estabilidad cambiaria y la acumulación de reservas del Banco Central.

Este fenómeno, impulsado por el efecto precio, encuentra su base operativa en la producción incremental de Vaca Muerta. Según consultoras especializadas, si las cotizaciones internacionales se mantienen en el rango de los US120 por barril, el país podría alcanzar un superaˊvitcomercialenergeˊticosuperioralosUS14.500 millones este año. Este flujo de divisas es crítico para mitigar las debilidades estacionales de otros sectores productivos y garantizar la sostenibilidad del modelo económico vigente.

No obstante, el aprovechamiento pleno de esta ventana de oportunidad está condicionado por la infraestructura logística. Actualmente, el foco está puesto en proyectos estratégicos bajo el régimen RIGI, como el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) y las plantas de licuefacción para el GNL. Estas obras son fundamentales para destrabar los cuellos de botella que hoy limitan la capacidad de evacuación de crudo y gas hacia los mercados internacionales, con metas de operatividad plena hacia 2027.

La respuesta del sector privado no se ha hecho esperar, con anuncios de inversión que superan los US$8.000 millones bajo el marco del RIGI por parte de operadoras líderes como Tecpetrol y Pampa Energía. Estas apuestas de capital intensivo en áreas clave como Los Toldos II Este y Rincón de Aranda confirman que la energía no solo es una oportunidad coyuntural por precios altos, sino un pilar estructural que definirá la balanza comercial argentina en la próxima década.