Según los informes de la NOAA (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) y del Servicio Meteorológico Nacional, el fenómeno oceánico se perfila como uno de los más intensos desde 1950, encendiendo los protocolos preventivos por crecidas y exceso de precipitaciones de cara al verano.
Cuerpo: Las proyecciones científicas globales y los monitoreos del clima encendieron la máxima alerta en el territorio argentino ante la consolidación de un fenómeno de El Niño extremadamente intenso, que alcanzará su punto pico de desarrollo hacia el mes de diciembre. De acuerdo con las advertencias emitidas por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el calentamiento anómalo en la superficie del océano Pacífico tropical presenta probabilidades superiores al 90% de superar marcas históricas registradas en las últimas décadas.
Los expertos meteorológicos explican que este escenario climático desorganiza los patrones de circulación atmosférica habituales, incrementando de manera notable la frecuencia y severidad de las tormentas en gran parte del Cono Sur. Las estimaciones técnicas señalan que el impacto pluvial se sentirá con mayor fuerza a lo largo de la Cuenca del Plata, el Litoral, la región pampeana y franjas del norte argentino, extendiendo sus consecuencias críticas sobre los caudales hídricos al menos hasta abril de 2027.
Ante este panorama de riesgo hidrológico, organismos nacionales, provinciales y municipales comenzaron a coordinar planes de contingencia para mitigar posibles anegamientos rurales, crecidas prolongadas en los ríos Paraná y Paraguay, y desbordes en cuencas críticas. Los especialistas remarcan que, si bien los extremos climáticos son inevitables, el éxito en la prevención dependerá estrictamente de la anticipación logística y el mantenimiento de la infraestructura hídrica preventiva.
En el sector productivo y agropecuario, las entidades ya recomiendan extremar la cautela en los lotes bajos, prever planes de traslado para la hacienda en zonas anegables y seguir de cerca los sistemas de alerta temprana, anticipándose a un ciclo estival que exigirá máxima capacidad de respuesta frente a los excesos hídricos.






