Mientras el norte argentino consolida su protagonismo con el litio, el sur del país acaba de dar un paso histórico para convertirse en un hub energético global. En las aguas del Golfo San Matías, Río Negro ha iniciado los estudios geotécnicos para el megaproyecto Argentina GNL (liderado por YPF, Eni y XRG), una iniciativa que busca transformar el gas de Vaca Muerta en divisas mediante unidades flotantes de licuefacción (FLNG).

A diferencia de las plantas terrestres tradicionales, este modelo “costa afuera” permite reducir costos operativos y acelerar los tiempos de exportación, proyectados para el período 2027-2030. La estrategia incluye la construcción del gasoducto más grande del país, conectando directamente la Cuenca Neuquina con la costa rionegrina.

Con una capacidad inicial de exportación de 12 millones de toneladas anuales, Argentina apunta a competir en los mercados de Europa y Asia. Para las economías regionales como la de Jujuy, este avance en el sur no es ajeno: marca un precedente sobre cómo la estabilidad macroeconómica y la infraestructura estratégica pueden convertir recursos naturales en una plataforma de crecimiento a largo plazo. Argentina ya no solo mira al campo; ahora mira al fondo del mar y a la profundidad de la Puna.
Este despliegue en Río Negro no es un hecho aislado, sino que espeja la transformación que Jujuy viene liderando en el NOA. La clave común es la adhesión a marcos de incentivos como el RIGI, que permiten proyectar inversiones a 30 años en sectores donde la escala global es la única regla. Para el empresariado jujeño, este nuevo polo energético en el sur abre una ventana de oportunidad en la cadena de valor de servicios especializados, demostrando que la minería y la energía son hoy las dos caras de una misma moneda que busca estabilizar la macroeconomía argentina.

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