La emblemática firma jujeña, nacida en 1954, pasa a integrar el portfolio de Hijos de Salvador Muñoz S.A. El deal busca revitalizar la marca en las góndolas nacionales mediante una fuerte inversión en tecnología y modernización de la planta en San Pedro.

La industria alimenticia del Norte Grande marca un hito con la confirmación de un cambio de manos estratégico. Según informó la Comisión Nacional de Valores (CNV), la sociedad Hijos de Salvador Muñoz S.A. (HSM), conocida comercialmente por su marca Salvita, adquirió el fondo de comercio de la tradicional Dulces Otito. Esta operación no solo representa un cambio de titularidad, sino el inicio de un ambicioso plan de reingeniería para una etiqueta con 70 años de historia en Jujuy.

Dulces Otito, fundada en 1954 por Alberto Galli en San Salvador de Jujuy, nació como un proyecto artesanal en Yala para aprovechar los excedentes frutales de la finca familiar. Con el tiempo, la firma expandió su horizonte hacia las conservas de tomate y dulces sólidos, convirtiéndose en un referente del NOA con su planta productiva en San Pedro de Jujuy. Ahora, bajo la órbita de los hermanos Salvador y Miguel Ángel Muñoz, la marca se prepara para un proceso de integración operativa que garantiza la continuidad del personal y de su identidad regional.

El plan de los nuevos dueños se centra en tres ejes fundamentales: la modernización tecnológica de la planta para estandarizar la calidad de mermeladas y purés, el aprovechamiento de los aceitados canales de distribución de Salvita y la posible ampliación del portfolio hacia segmentos saludables o premium. El objetivo de HSM es que Otito recupere terreno frente a los gigantes del sector, compitiendo con fuerza en el “segundo escalón” de precios, un espacio clave en el consumo actual.

Esta adquisición consolida la visión de la tercera generación de la familia Muñoz, que ha transformado una producción de finca en un gigante agroindustrial con proyección exportadora. Al sumar a Otito —famosa por sus dulces de cayote y tomate—, Salvita refuerza su esquema de integración vertical: desde la materia prima en el campo hasta la góndola, manteniendo el ADN industrial y el arraigo familiar que caracteriza a ambas empresas del interior.