El exceso hídrico provocó un descarte de hasta el 40% de la cosecha en Fraile Pintado y zonas aledañas. La falta de demanda industrial y la competencia de productos importados agravan la situación de los productores.

La producción tomatera en Jujuy atraviesa un momento crítico debido a una combinación de factores climáticos y económicos que han deteriorado drásticamente la rentabilidad de la campaña. Las recientes precipitaciones registradas en la región de los valles y ramal -especialmente en Fraile Pintado, Santa Clara, Chalicán y Aguas Calientes- han provocado el desarrollo de enfermedades fúngicas y daños directos en la fruta, resultando en pérdidas que se estiman entre un 30% y un 40% de la producción total.

El fenómeno de la “mancha”, agravado por cuadros previos de tizón, ha inutilizado gran parte de la cosecha para el mercado fresco. Históricamente, este volumen afectado encontraba una salida comercial en la industria procesadora para la elaboración de conservas y salsas. Sin embargo, el sector advierte que esta alternativa ha desaparecido prácticamente debido a la apertura de importaciones de extracto concentrado —principalmente desde China— y al cierre de plantas procesadoras en el país, lo que ha desplomado los precios pagados por la materia prima industrial a niveles que no cubren los costos operativos.

En el mercado fresco, la situación no es más alentadora. La caja de 22 kilos, que inició la temporada cotizando cerca de los 20.000 pesos, actualmente se comercializa entre 7.000 y 9.000 pesos. Esta contracción en el mercado interno, sumada a los altos costos de producción -con insumos dolarizados como semillas y fertilizantes-, ha obligado a los productores a buscar canales de comercialización externos. Actualmente, se estima que entre el 60% y el 70% de la producción jujeña está siendo enviada hacia Paraguay a través de Clorinda, consolidándose como el principal destino de la cosecha actual.

La competitividad del tomate perita jujeño se ve doblemente amenazada: por la presión de los costos internos y por la competencia de productos regionales (como el tomate redondo chileno) y los precios internacionales de los insumos. A pesar de que la cosecha se extenderá por un mes y medio más, la incertidumbre persiste entre los productores, quienes enfrentan un escenario donde la producción de primicia pierde rentabilidad frente a condiciones climáticas adversas y un mercado industrial que, por razones de costo y competencia importada, ha dejado de absorber el descarte productivo.