Con un aumento acumulado del 25% en el último mes, el ministro Luis Caputo admitió el impacto en la inflación. Para contener los precios, YPF implementará un “buffer” que congelará el componente del petróleo crudo por 45 días.
El mercado de los combustibles en Argentina atraviesa semanas de alta tensión y reacomodamiento. Tras los recientes incrementos en los surtidores, que ya acumulan un 25% promedio en poco más de un mes, el Gobierno Nacional y las petroleras han comenzado a aplicar medidas de “desacople” para evitar que la volatilidad internacional del crudo se traslade de forma directa y constante a los precios locales. El propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que estas subas impactarán en el índice inflacionario de marzo, pero destacó que se busca estabilizar el escenario para los meses venideros.
En este contexto, la petrolera YPF, liderada por Horacio Marín, anunció la creación de un “buffer” de precios con una vigencia de hasta 45 días. Esta medida excepcional implica que la compañía mantendrá constante el componente del precio vinculado al barril Brent (referencia internacional), independientemente de sus fluctuaciones externas. No obstante, Marín aclaró que otras variables que integran el costo final —como los impuestos, los biocombustibles y la cotización del dólar— quedarán liberadas a los ajustes correspondientes.
A pesar de las subas, analistas del sector advierten que los valores en Argentina aún se encuentran un 20% por debajo de la paridad de importación. Según datos de Global Petrol Price, Argentina se ubica como el tercer país con el combustible más caro de la región (US$ 1,53 por litro), solo superado por Uruguay y Perú. Esta brecha comenzó a corregirse con mayor velocidad a partir del recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, que presionó al alza los costos logísticos y de producción a nivel global.
Para el sector agroindustrial, el monitoreo del gasoil es determinante, ya que el encarecimiento del combustible impacta de manera directa en los fletes y en la estructura de costos de la nueva campaña. La estrategia oficial apunta a un equilibrio delicado: corregir el atraso de precios sin generar un “efecto dominó” incontrolable sobre el resto de los bienes de la economía en un contexto de consumo ya retraído.







