Un relevamiento técnico elaborado por especialistas del organismo utilizó monitoreo satelital para analizar el cambio de uso del suelo, advirtiendo sobre la conversión de áreas afectadas por el fuego en terrenos agropecuarios.

Un informe técnico difundido por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) encendió el debate en torno a la expansión de la frontera agropecuaria y la gestión ambiental. El estudio reveló que más de una cuarta parte (26%) de las superficies que ingresaron recientemente a sistemas productivos en el país registra antecedentes directos de incendios forestales o rurales previos a su habilitación definitiva.

La investigación se basó en el uso de herramientas de geomática y procesamiento de imágenes satelitales para rastrear la dinámica de cambio en el uso del suelo. Los datos expusieron patrones recurrentes donde áreas severamente degradadas por el fuego terminan siendo incorporadas de manera posterior a la actividad agrícola o ganadera, evidenciando un eslabón complejo entre la pérdida de biomasa nativa y la habilitación productiva.

Desde el punto de vista ecológico, los investigadores advirtieron sobre las graves consecuencias que este proceso acarrea para la biodiversidad, la estructura de los suelos y la estabilidad de los ecosistemas regionales. La pérdida de cobertura vegetal nativa y la alteración de los ciclos hidrológicos locales reducen la capacidad de resiliencia del terreno frente a eventos climáticos extremos.

Ante este escenario, el trabajo subraya la urgencia de fortalecer los marcos regulatorios y los mecanismos de control por parte de las jurisdicciones provinciales. El objetivo principal es evitar que los siniestros ígnicos funcionen, de manera directa o indirecta, como un mecanismo de presión para modificar el uso del suelo, promoviendo en su lugar normativas estrictas de restauración y planificación territorial sustentable.